Cualquier organización necesita un nombre; también unos símbolos para definir y dar a conocer dicha organización y el nombre de Enza Negra se considera apropiado para una organización culturalista e identitaria murciana.
En llengua murciana la palabra ‘enza’ significa deseo o voluntad, pero también impulso; también ‘enza’ es un señuelo en la frase “ir a la enza de…”, que se entiende en un sentido de deseo amoroso por una persona o algo. Nosotros no vamos a la enza de una persona en concreto, pero sí de algo muy concreto: la cultura y la identidad murciana. El amor por la cultura propia es algo que en la realidad cotidiana parece que no está, pero en realidad se esconde en las raíces, bajo la tierra húmeda y negra.
Sin encambio, a los murcianos se nos ha negado siempre una cultura propia, aunque continuamente se nos arrincona y señala como murcianos en asuntos tan característicos y fundamentales como el habla, el terraje y la forma de ser. Así, somos murcianos y punto; pero, con todo y con eso, ¿qué es ser murciano?, ¿es una denominación de origen, una marca… o quizá un estigma?
La mejor forma de definirse es organizarse, y para ello es necesario establecer unas reglas o mínimos que nos guíen y unos símbolos que nos ayuden a expresarnos.
Para que una organización funcione, se debe establecer unas ‘rulas’ o reglas, unos criterios mínimos para ahitar el camino y no perdernos. Estas son 9 rulas.
Las ordenanzas establecen las normas y el funcionamiento de una organización, además de los cargos y ocupaciones que hay en ella. En Murcia contamos con cierta tradición, que se cree bastante antigua en cuanto a consejos ciudadanos y consuetudinarios, como las Juntas de la Tierra o el Consejo de Hombres Buenos.
El funcionamiento de este último es bastante conocido, aunque desde la edad moderna ha sido modificado continuamente, tanto en sus cargos como en su lugar de reunión. En la edad media, en el CHB había dos jueces zabacequieros (un zabacequiero es un ‘guardián de la acequia’: ), uno por cada acequia mayor de la Huerta: Aljufía (norte) y Alquibla (sur), llamada también de Barreras. Estos dos zabacequieros recuerdan a los dos cónsules de la república romana y tenían funciones muy parecidas: militares en el caso de Roma, policiales en el caso de la Huerta de Murcia. Pese a haber sido un tribunal consuetudinario y sapiencial, se le llama ‘consejo’ (en oposición al Tribunal de las Aguas de Valencia), por lo que se le puede, quizá, intuir cierto carácter político en alguna época ancestral.
Según Antonino González Blanco, el CHB podría ser heredero de las antiguas anfictionías griegas, que eran asociaciones territoriales que podían incluir varias polis y se reunían a las puertas de un templo, como el de Apolo en Delfos. Hasta el siglo XIX, el CHB se reunía a las puertas de la iglesia de Santa Catalina (hoy lo hace en el Ayuntamiento), al igual que el TAA de Valencia ha celebrado siempre sus sesiones junto a la catedral de Valencia.
De esta manera, y explicado este ejemplo de asociación tan murciana, podemos establecer, en nuestro caso, no un Consejo de Hombres Buenos, pero sí un Consejo de Personas Buenas con un organigrama inspirado en dicha tradición.
Así, nuestro Consejo de Personas Buenas cuenta con:
3 miembros fijos, elegidos por un año:
- Dos zabacequieros (por las dos acequias mayores: Aljufía y Alquibla).
- Un licero o alguacil, que sería el equivalente a un secretario.
6 miembros variables, elegidos por sorteo mes a mes:
- Dos veedores.
- Cuatro procuradores.
La marca característica de la Enza Negra es un sol o estrella de seis puntas rectangulares naciendo de una media luna creciente; ambos símbolos en blanco se encuadran dentro de un cuadrado negro. El sol representa la luz y la luna la fertilidad. El valle de Murcia es una tierra fértil, y el cielo murciano es luminoso. Este símbolo de la estrella solar surgiendo de una media luna creciente no surge de la nada, ya que aparece en la estela del rey sumerio Ur-Nammu, del 2100 a.e.c. Los sumerios crearon las primeras acequias, canales con los que regaban la vega del Río Éufrates. Es mucho lo que conecta a nuestro valle de Murcia con la historia de la agricultura, y en especial con el oriente próximo y medio. Lo que hace 6000 años se practicaba allá, hoy en día podemos disfrutarlo aún aquí. La Huerta y sus acequias son lo más característico de la tierra en la que vivimos, y más que torres, coronas o reyes, lo que mejor nos representa como murcianos es la misma Huerta, a la que debemos proteger y honrar.